Javier del Castillo

Javier del Castillo


Idiotizados

09/01/2024

Estamos llegando en nuestra sociedad a situaciones ridículas, yo diría que incluso grotescas. Y – lo que es peor – empezamos a reprimir nuestros deseos de decir con libertad lo que pensamos. La moda woke, como me comentaba el otro día nuestro compañero y buen amigo, Antonio Pérez Henares, es una gilipollez absoluta y no cabe en cabeza humana que se intente fulminar y tratar, como si fuera un delincuente, a quien llama gordo o gorda a un semejante con algunos kilos de más.
Durante las pasadas Navidades se han producido algunos debates absurdos, que demuestran hasta qué punto empezamos ya a confundir el culo con las témporas. Me parece exagerado exigir responsabilidades al Ayuntamiento porque el Rey Baltasar de un distrito madrileño no era un negro de verdad, sino un blanco con una capa de pintura en la cara. Y me parece desproporcionado también el revuelo que ocasionó el hecho de que la indumentaria de una de sus majestades tuviera cierto parecido con el terno de un torero. Menos mal, menos mal, que no iba vestido de cazador.
Los nuevos inquisidores, de los que me hablaba Antonio, salen ya como setas. Siempre vigilantes, se frotan las manos cada vez que algún ingenuo utiliza una expresión supuestamente machista o presuntamente ofensiva para una profesión, un gremio o un colectivo. Las críticas que recibió la exalcaldesa de Pamplona, por decir que prefería «fregar escaleras» antes que pactar con Bildu, ocuparon más espacio y más titulares que la triste realidad de ver cómo un partido de izquierdas, que dice acatar la Constitución, entregaba el Ayuntamiento de la capital navarra a los herederos políticos de ETA. 
Otro ejemplo de la doble vara de medir y de la falsa ética que impera en la nueva sociedad española quedan perfectamente reflejadas en un tuit reciente de mi admirado Arturo Pérez Reverte. El escritor se limitaba a encabezar con la palabra «cabronazos» la imagen de un perro asustado por unos fuegos artificiales. La reacción fue inmediata, multitudinaria y mayoritariamente positiva, salvo las lógicas excepciones de quienes trabajan en la industria pirotécnica. Ese mismo día, la noticia de que Puigdemont pone en riesgo 10.000 millones de fondos europeos, apenas fue comentada, salvo en alguna tertulia.  
La izquierda, que tanto luchó por la democracia y las libertades en la Transición, se ha degradado con Pedro Sánchez, hasta el punto de convertir cualquier trivialidad en un debate nacional que intente distraer la atención de la opinión pública. Mientras tanto, Puigdemont amenaza y avisa. Mientras tanto, seguimos dándole vueltas a la tramitación de la denostada ley de amnistía. Mientras tanto, la acción del gobierno queda a expensas de lo que decidan sus malas compañías.
Pero, a quién le importa todo esto, si todavía seguimos sin aceptar que la Conquista de América fue un genocidio. 
Menos mal que ya está en ello el nuevo ministro de Cultura.