Juzgan a un hombre por asesinar y violar a otro

Josechu Guillamón
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La Fiscalía pide una pena de prisión permanente revisable

Imagen de archivo de un juicio en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, donde se celebrará la vista. - Foto: Arturo Pérez

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial sentará el próximo miércoles en el banquillo de los acusados a un hombre que se enfrenta a una pena de prisión permanente revisable y a otra de 12 años de prisión por matar y violar a un conocido.

Los hechos tuvieron lugar en Albacete, sobre las 22 horas del día 26 de enero de 2022, cuando, según  relata el escrito de la Fiscalía, el acusado A.S., nacional de Marruecos y que en la actualidad tiene 36 años de edad y está en situación irregular en España, estuvo junto a su compatriota, R.M., en un bar de Las Seiscientas, en el que ambos estuvieron consumiendo cervezas, hasta que decidieron marcharse a una torreta eléctrica abandonada del antiguo matadero, ubicado en la carretera de Murcia, lugar en el que solía pernoctar R.M.

Ambos estuvieron conversando allí, mientras R.M. seguía consumiendo cerveza. En un momento dado, el ahora fallecido procedió a tumbarse sobre un colchón, momento en el que el acusado decidió salir al exterior de la torreta.

La violación. El acusado, permaneció fuera de la torreta un par de horas, esperando a que R.M. se durmiera. A continuación cogió una piedra de grandes dimensiones y accedió de nuevo al lugar donde se encontraba R.M. durmiendo y con ánimo de satisfacer su deseo sexual, le golpeó con la piedra varias veces en la cabeza, dejándolo malherido.

A continuación el acusado procedió a bajarle los pantalones y a penetrarlo con su pene por vía anal, llegando a eyacular en su interior, sin que su víctima pudiera ofrecer resistencia, debido a las lesiones que el procesado le causó al golpearle con la piedra en la cabeza.

A continuación, el acusado con ánimo de acabar con la vida de R.M., le golpeó nuevamente con la piedra en la cabeza varias veces, tapó el cuerpo completamente con una manta y abandonó el lugar.

Antes de irse, el acusado cogió el teléfono móvil de su víctima, para asegurarse de que no pidiera ayuda. R.M. falleció como consecuencia de los traumatismos craneoencefálicos que le causó el encausado y que provocaron la destrucción de centros vitales encefálicos.

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