Editorial

Un conflicto insostenible que Israel debe detener de forma inmediata

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A punto de cumplirse seis meses desde que estalló la guerra en Palestina, iniciada como respuesta al ataque contra Israel lanzado desde Gaza por Hamás, el sufrimiento de cientos de miles de inocentes debe movilizar a la comunidad internacional para exigir un alto el fuego permanente. La muerte de siete cooperantes de la ONG World Central Kitchen (WCK), dirigida por el chef español José Andrés, ha sido un ejemplo más de la falta de respeto por parte de Israel a los derechos internacionales más básicos. Niños, mujeres, cooperantes, hospitales… el ataque promovido por el Gobierno de Netanyahu está utilizando todos los resortes para aniquilar los territorios de Gaza y Cisjordania con la justificación de su lucha contra el terrorismo de Hamás.

Aunque el ataque a los cooperantes fuera 'involuntario', puede que Israel haya acabado con el beneplácito de sus mayores aliados tras la muerte de siete occidentales. De momento, el Gobierno británico ha convocado a la embajadora en Londres para pedir explicaciones y EEUU ha exigido una investigación "imparcial" sobre dicho bombardeo, dos iniciativas que pueden y deben provocar un cambio en la 'benevolencia' con que veían desde ambos países el conflicto en Palestina.

Pero el ataque contra los cooperantes no es el único 'código' que se ha saltado el ejército israelí desde que estalló la guerra. Se ha utilizado el bloqueo y se ha impedido la entrada de ayuda humanitaria como forma de presión hacia los palestinos. Se han destruido las vías de comunicación e infraestructuras críticas de ambos territorios, además de la práctica totalidad de las viviendas donde habitaban millones de personas. El Banco Mundial sostiene, en un informe conocido ayer, que el conflicto entre Israel y el grupo islamista Hamás ha causado daños por unos 18.500 millones de dólares en la infraestructura vital de Gaza. Esto equivale al 97% de la producción económica combinada de los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza en 2022, según indicó el organismo en su evaluación parcial de los daños registrados en el marco de este conflicto desatado en octubre.

Toda esta situación, a lo que habría que añadir la utilización de los alimentos como arma de guerra o la destrucción de los hospitales como forma de sembrar el terror, debe llevar a la comunidad internacional a una intervención decidida para exigir un alto el fuego permanente que sirva para una negociación de una paz duradera, que seguramente tenga que pasar por la creación y reconocimiento de un estado palestino que permita una convivencia pacífica entre ambos pueblos. Hasta ahora, la ONU se ha mostrado inservible para ello, quizás ahora se produzca un giro o deba liderar este proceso alguno de los poderosos aliados de Israel.