Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


A prueba de trasvases

09/02/2024

Carlos Mazón es un señor. Un caballero valenciano. En puridad, alicantino, que es donde nació y pació, aunque presida la Comunidad Valenciana. A uno de Alicante no le puedes decir que es valenciano. Pasa lo mismo con un paisano natural de Cartagena, que no puedes simplificar su origen acotando que es murciano. O a uno de Guadalajara, acusándole de manchego. No es provincianismo absurdo. El de Alicante no es de Valencia, el cartagenero no es de Murcia y al alcarreño –vale también para el molinés, para el serrano de Atienza o el campiñero de Yunquera– no le puedes ubicar donde puede que ni siquiera haya pisado ni una sola vez. En las castillas de Guadalajara no hay ni un centímetro de Mancha. Punto. 
Volviendo al presidente de la Generalitat valenciana. No estamos en tiempos de Tenorios, pero Carlos Mazón es un Don Juan. Un seductor y un Bradomín. De repente, la crítica popular se ha rendido a sus encantos. Aunque los fiscales y los labradores le hayan estropeado parte de su momento de gloria, sigue disfrutando de esos minutos de telediario que solo tienen los que gozan del poder monclovita, los ladrones y los jueces que se ciñen a los tiempos judiciales sin atender a los intereses del poder que quiere manejarlos. La generosidad hídrica de Mazón ha generado una unanimidad casi inédita: «No vamos a negar agua a quien en su día sí que nos la negó. Sobre la revancha no se puede construir nada». ¿Se puede ser más enternecedor? A mí me ha conseguido poner más tierno que el Día de la Madre. Generoso y altruista –sobre el papel–, cualidades que se estilan muy poco en política. Solidario con los que menos tienen y desprendido con los que pasan sed, que, junto con el hambre, es lo peor que puede padecer el ser humano. 
El problema es cuando rascas en la condición del político, donde siempre hay un interés, y no tan inocente como lo que pueda parecer en un principio. Carlos Mazón habla desde el Levante, donde tienen montada una industria agroalimentaria que depende del agua de otros territorios para desarrollarse. Si Entrepeñas y Buendía no abre el grifo del trasvase, su potencial económico queda reducido a un porcentaje muy inferior al que tienen ahora. Por el interés, te quiero Andrés. No es una generosidad gratuita. Se trata de reivindicar el trasvase a costa de una cesión a Cataluña que a ellos no les cuesta. El agua de las desaladoras no es óptima para los cultivos. De no ser así, el mensaje sería otro. Además, si amplían la capacidad de la desaladora, por mucho que se multiplique el consumo eléctrico, no lo va a pagar la Generalitat valenciana. Tampoco van a abonar el coste de los barcos, que, por otro lado, no están amarrados a puerto como un bus de línea que hace rutas diarias.
Estamos ante un discurso entre facilón y demagógico. Aun así, al revés no habría sido inmediato, aunque sólo hubiera sido por vergüenza torera. En Cataluña están comprobando que la independencia, las embajadas y el despilfarro identitario no solucionan la sequía. Cuando se priorizan delirios, los problemas básicos se agudizan. Ni Pere Aragonés, que preside el Gobierno catalán, ni Puigdemont, que aspira hacerlo después de ser amnistiado, habrían consentido ceder una sola gota de agua a otro territorio fuera de los márgenes de su región.  
Lo único bueno que sacamos de esta situación de sequía extrema en Cataluña y en Andalucía es que es hay que priorizar un plan hidrológico nacional, por mucho que esta palabra soliviante a los independentistas. Fueron ellos –con el bravísimo impulso del PSC– los que tumbaron el proyecto de Aznar que intentaba llevar el excedente de las zonas húmedas a aquellas cuencas más secas. Ahora, ante palabras interesadas como las de Mazón, solo hay que poner en frente la generosidad hídrica de provincias como Guadalajara, siempre a prueba de trasvases.