Jesús Villajos: «Es un orgullo haber creado los miguelitos»

Sánchez Robles
-

«Trabajando en la confitería rodense de Manolo Blanco me pidió que hiciera algo especial y elaboré este producto que había visto antes en mi trabajo en Pamplona»

Jesús Villajos Alcolea - Foto: José Miguel Esparcia

Tiene el trabajo como eje de su vida, ha triunfado en su doble faceta de confitero y hostelero. En estas actividades sus productos destacados han sido el haz y el envés de una hoja de servicios lustrada e ilustradora de una trayectoria de éxito constante, incluso con historia. Interesante la vida y obra de Jesús Villajos Alcolea (Socuéllamos, 15 de febrero 1941) marcadas por la sencillez e ilusión por buscar y en su caso encontrar la excelencia. Parte de su trayectoria profesional está estrechamente ligada a la historia de los llamados miguelitos rodenses y al de la marisquería en aquel establecimiento con historia fecunda en el ramo, La Rodense. Es sencillo y emprendedor y ha sabido alcanzar con precisión milimetrada los objetivos que se trazó en su vida. Ha triunfado.
Sus primeros pasos en el colegio fueron en el grupo escolar de Socuéllamos, donde estuvo hasta los diez años, pues su padre, bodeguero de profesión, le orientó hacia el trabajo. Pronto se colocó en la confitería Grueso de su localidad natal en la que aprendió el oficio en tres años. «Luego me marché a Alcaraz para trabajar en la confitería de Diego Fuentes, aconsejado por José Colomer. Allí aprendí a hacer bombones, caramelos, mazapanes, porque mi jefe era un gran maestro. De allí volví  a la confitería de Manuel Pozuelo en mi pueblo hasta que en 1970 tomé la decisión de venir a trabajar a Albacete tras la oferta que me  hicieron, Antonio y Juana,  dueños de la confitería Avenida en la calle Marqués de Molins. Trabajé unos ocho años con ellos, hasta que me contrataron en un establecimiento confitero, llamado Miami en Pamplona. Fui a los sanfermines y me quedé dos meses a trabajar por el apoyo que tuve de un militar que estaba en Albacete. Ganaba 4.000 pesetas al mes, que era mucho en aquella época. Regresé a Albacete, en concreto a La Roda para trabajar en la confitería de Manolo Blanco en la calle Ramón y Cajal durante cuatro meses». Buena singladura.
«Manolo Blanco me pidió que hiciera en su negocio confitero algún producto nuevo. Entonces comencé a elaborar un pastel que hacíamos en Pamplona. Lo fabriqué con los retales de hojaldre de manteca de cerdo poniéndole luego la crema pastelera por arriba. Así nació el miguelito que tuvo mucha aceptación en las ventas día a día. Un médico que se llamaba Miguel, cliente de aquella confitería, los probó y se hizo un asiduo en la compra de este pastel, que tuvo esta denominación utilizando el nombre de aquel doctor, primero llamándolos migueles y luego miguelitos. Todo lo hacíamos de forma artesanal. Ahora se ha generado una industria en pleno desarrollo. Es una satisfacción y un orgullo en silencio haber elaborado este pastel en La Roda por primera vez en los años setenta y que tengan tanta fama ahora», afirmó Jesús Villajos.
De aquella actividad tan dulce decide pasar a regentar un bar, la hostelería era su camino entonces. «Llegué a un acuerdo con Luis Charcos para que me traspasara la marisquería, La Rodense, que estaba en la calle Pérez Galdós número quince. Pronto llegamos a un acuerdo que se cifró en 162.000 pesetas de entonces. Ofrecía muy buenos mariscos y pronto tuve una clientela excelente acompañado de mi esposa, Caridad Martínez Ballesteros, que era una magnífica cocinera. En 1982 tuvimos que dejar aquel local, porque iban a construir un edificio y nos desplazamos a la calle San Antón. Finalmente, cambié de orientación laboral, dedicándome a la representación de una empresa malagueña de productos de mantenimiento industrial hasta mi jubilación en 2006 al cumplir 65 años. En todos los oficios me ha gustado trabajar. La clave del éxito es tener ganas».
Siguió al detalle la idea del maestro confitero José María Gorrotxategi cuando dijo que en la cocina está todo inventado, pero si se hace con  creatividad, ilusión, sensibilidad e imaginación el éxito está asegurado. Jesús Villajos lo ha logrado por méritos propios a la manera expresada por Graham Bell: «Los hombres más exitosos son aquellos cuyo triunfo es el resultado de una acumulación constante. Es el hombre que avanza paso a paso, con su mente cada vez más amplia y progresivamente más capaz para  innovar  y comprender cualquier tema o situación profesional». Radiografía perfecta de Jesús Villajos Alcolea.