El 2,7% de adolescentes entre 14 y 18 años tiene TCA

Teresa Roldán
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La coordinadora de la Unidad en el Hospital Perpetuo Socorro, la psicóloga clínica María Dolores Gómez, cifró en 530 las consultas anuales nuevas y 2.500 sucesivas

Imagen de archivo de una enfermera que pesa a una paciente con trastorno alimentario. - Foto: Rubén Serrallé

El Hospital Perpetuo Socorro de Albacete reunió ayer en su salón de actos a más de un centenar de profesionales sanitarios de Castilla-La Mancha en torno a la V Jornada Regional de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). Coordinada por la psicóloga clínica María Dolores Gómez, responsable de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria (UTCA) de la Gerencia de Atención Integrada de Albacete, el encuentro abordó desde la prevención hasta la intervención por parte de Atención Primaria, pasando por los testimonios de familias y pacientes, así como el análisis de los profesionales de la Psicología y otras disciplinas.

Gómez reconoció que más de un 80% de los casos de niños y adolescentes con trastornos de la conducta alimentaria que llegan a este recurso proceden de Atención Primaria. De ahí la importancia, como apuntó la coordinadora de este dispositivo, «de trabajar en equipo y manera colaborativa para el manejo de estos pacientes, la detección precoz, prevención y promoción de la salud». 

En estos momentos la prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en la población albacetense de entre 14 y 18 años es del 2,7%, similar a la media nacional, que se sitúa entre un 2,5 y un 2,7%,  con 530 consultas anuales entre las tres especialidades: Psiquiatría, Psicología clínica y Endocrinología y Nutrición. A esta cifra hay que sumar que la atención de los pacientes con estos trastornos genera unas 2.500 consultas de seguimiento anuales, donde se incluyen también las visitas de control de nutricionistas y dietistas.

La influencia de personas no expertas en temas de salud, los llamados influencer, y una exposición permanente del cuerpo a través de las redes sociales, junto con el aumento de los casos de acoso escolar en las aulas, es el caldo de cultivo perfecto para que personas con bajan autoestima terminen desarrollando uno de estos trastornos, siendo el más frecuente y que más consultas de atención especializada demanda  la anorexia nerviosa restrictiva, en un porcentaje muy superior a otras patologías; algunas conductas purgativas bien anorexia nerviosa purgativa o bulimia nerviosa purgativa (pero en menor proporción), así como trastornos no especificados.

La coordinadora de la UTCA abogó en este sentido por una detección precoz y por la recuperación de hábitos que muchas veces en la sociedad actual terminan perdiéndose, como hacer las principales comidas del día en familia, «lo que repercute en desorganizaciones alimentarias de los adolescentes más vulnerables. Y por ello es la sociedad en su conjunto la que tiene que estar implicada en el abordaje de esta problemática, siendo Pediatría, Enfermería, Medicina de Familia en Primaria un ámbito desde el que iniciar la prevención, así como a nivel educativo».

Que la demanda de estos trastornos en los jóvenes va en aumento se traduce en una mayor petición de charlas a la asociación de personas afectadas por estos trastornos en Albacete, Alienta, cuya presidenta Gema Arribas, así lo expuso en el encuentro regional. «Cada vez tenemos una mayor demanda de charlas en los colegios, y desde la asociación tenemos una ardua labor, porque entre otras cosas, no tenemos recursos, y lo hacemos como podemos». Cada 15 días Alienta organiza talleres para padres de chavales afectados, moderados por dos psicólogas, y donde las familias solventan sus dudas y sus preocupaciones para abordar esta problemática en la casa».

En la actualidad son 30 las peticiones de charlas para centros educativos que han llegado a Alienta, ya no sólo de la capital, sino también de la provincia. 

Arribas considera fundamental una mayor implicación de todas las instituciones para prevenir los TCA y bajar las tasas actuales.

Por ello, es fundamental tener en cuenta otras perspectivas a las clásicas para analizar la conducta alimentaria, tal y como pusieron de manifiesto Laura Martínez y Carlos Llano, residentes de tercer año de Medicina Familiar y Comunitaria, «ya que tiene que ver con muchos factores sociales, políticos, culturales, de vivienda o del entorno, y son ámbitos desde los que se puede actuar en el primer nivel asistencial, no ya sólo desde el trastorno concreto diagnosticado sino desde patrones alterados de la alimentación y otros problemas».

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