El sanchismo empieza a desvariar

Pilar Cernuda
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Los pagos a la investidura comienzan a pasarle factura al presidente; a la próxima reunión con Puigdemont se suma su apoyo a la moción de censura en Pamplona que dará la Alcaldía a Bildu

El político fugado hace alarde de cómo tiene agarrado al socialista y lo humilla públicamente todo lo que puede. - Foto: Ronald Wittek (EFE)

Se ha sabido ahora que la cita entre Santos Cerdán y Carles Puigdemont se celebró en algún lugar de Suiza porque las localidades que se manejaron previamente en otros países fueron descartadas por Junts. Temía el partido independentista que el expresident pudiera ser detenido, pues está reclamado por la justicia española. Ahora es Pedro Sánchez el que podría reunirse con Puigdemont, no porque sea indispensable la presencia del español para negociar directamente con el catalán. Tiene a Cerdán y a Bolaños dispuestos a acudir adónde sea y entrevistarse con quién sea. Pero Puigdemont quiere que su interlocutor sea Sánchez, porque busca la foto. 

Son importantisimas las fotos, lo sabe el expresidente catalán mejor que nadie: a Santos Cerdán lo recibió en la sede del Parlamento Europeo y en compañía de Iratxe García, la presidenta del grupo socialista del PE; del total, no del español. Se ha pasado media legislatura explicando a sus súbditos quién era Puigdemont, cuáles sus fechorías y pidiéndoles que votaran a favor de que se le levantara la inmunidad al prófugo para que pudiera ser llevado ante un tribunal español. Para mayor escarnio, la foto se hizo bajo un gran retrato que recogía alegóricamente la independencia de Cataluña. Iratxe tuvo que tragar con todo, con lo que su prestigio ante la familia socialista europea ha quedado muy tocado, y Puigdemont pretende hacer lo mismo con Sánchez. No le sirve la foto con Cerdán ni con Bolaños, busca la del mismísimo Sánchez. Y en eso están.

Esta semana ha sido una de las más tristes para España porque, al fin, el sanchismo ha empezado a pagar el precio que le habían exigido sus socios de gobierno. Conocido ya el de Junts, la lengua catalana en el PE - que han rechazado las autoridades europeas- los encuentros con el secretario de Organización del PSOE y ahora con el presidente del Gobierno, si se cumple, se ha conocido el precio exigido por Bildu; la Alcaldía de Pamplona. Sánchez no ha puesto ningún problema. Está ya en marcha el procedimiento y en unos días la capital navarra tendrá de nuevo un alcalde de Bildu, con más fuerza y respaldo, porque cuenta con el aval explícito del Gobierno español.

Las dudas están en a qué pactos ha llegado Sánchez con Bildu para el día después de las elecciones autonómicas vascas. Fuentes socialistas creen que lo pactado fue Alcaldía de Pamplona para Bildu y lehendakari socialista con el apoyo de Bildu. Otras fuentes afirman que es más lo acordado: Pamplona y un lehendakari de Bildu con apoyo del PSE.

En cualquiera de los dos casos, la víctima es el PNV, que pagará muy cara su traición al PP, al votar a favor de la moción de censura que presentó Sánchez a Rajoy y lo dejó sin gobierno, a pesar de que solo tres días antes el PNV había votado a favor de los Presupuestos. En estos momentos, el PNV tiene muchas papeletas para quedarse sin gobierno vasco, y el despacho del lehendakari sería ocupado por un socialista o un dirigente de Bildu.

Poco a poco se va extendiendo por toda España la ola de partidos que millones de españoles consideran un peligro para la democracia, gracias a que la pérdida de las elecciones por parte de Sánchez le ha llevado a pactos con partidos que jamás tendrían cabida en un gobierno democrático. Pero el precio a pagar para ser investido presidente nos lleva no solo a sentirnos avergonzados del Gobierno que tenemos; y más que preocupados por el precio que está pagando por los apoyos. Toda su estrategia para tratar de desacreditar al PP pasa por su cercanía con Vox, pero los pactos de la indignidad los protagoniza Sánchez.

Puigdemont además hace alarde de cómo tiene agarrado al socialista y lo humilla públicamente todo lo que puede. En Estrasburgo estuvieron a centímetros de distancia, y Puigdemont se dedicó a mantenerse quieto, mirándole de forma displicente, de superioridad, mientras la cámara enfocaba a Sánchez y Albares situados justo delante. 

Sánchez pensó que la mejor defensa ante los españoles críticos con su deriva era un buen ataque, en este caso a Manfred Weber, el presidente del grupo parlamentario del PPE, lo mismo que Iraxe con los socialistas lo es Weber con los conservadores. Pero el inquilino de la Moncloa se encontró con un contrincante que conoce muy bien lo que sucede en España y, tras la arremetida feroz del presidente español a Weber y a los conservadores, el alemán utilizó toda su artillería verbal contra el español, al que terminó diciéndole que se olvidara de conseguir algún importante cargo en el futuro en la UE. Anuncio preocupante para Sánchez, que aspira al Consejo o a la Comisión. 

Cambia el clima europeo

También Feijóo ha viajado a Estrasburgo, como presidente de un partido que forma parte del PPE. Se ha entrevistado con todos los jefes de gobierno europeos conservadores, y también con Ursula Von der Leyen -presidenta de la Comisión- y con la vicepresidenta de la Comisión de la que depende Reynders, el comisario de Justicia. En las dos entrevistas, Feijóo explicó en profundidad lo que ocurre en España, las cesiones de Sánchez, la situación de la justicia y todo lo relacionado con Puigdemont.

Como conclusión, más que la situación de Puigdemont, lo que escandaliza en la UE es todo lo relacionado con la manga ancha para los asuntos relacionados con corrupción y el terrorismo, tanto con la aplicación de una amnistía selectiva como través de la abolición del delito de rebelión y la rebaja del delito de sedición. Y escandaliza todavía más la aceptación del lawfare por los compromisos de Sánchez con los independentistas. 

La sensación es, tras el estupor causado por la intervención parlamentaria de Sánchez en Estrasburgo, en la que logró ofender a los parlamentarios alemanes cuando en su ataque a Weber hizo una alusión intolerable a los modos que aplicaba el nazismo, que con ese discurso del presidente, a lo que añade la ya muy numerosa información que se maneja en Estrasburgo y Bruselas sobre los pactos con independentistas y Bildu, que en la UE empiezan a cambiar de idea respecto a Sánchez. Ya no se le aprecia como un político joven e innovador que se enfrenta a una oposición marcada por el extremismo de derecha, sino que es el propio presidente del Gobierno el que acepta pactos impropios de una democracia con tal de mantenerse en él.

A pocos meses de que se celebran tres elecciones importantes: vascas, gallegas y europeas, el crédito de Sánchez es decreciente.