El orgullo del pueblo

Diego Izco (SPC)
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El Borussia Dortmund, un ejemplo de cómo sanear un club, crecer y continuar 'pegado' a la gente

El conjunto germano aspira a ganar su segunda Champions. La única vez que ha levantado la ‘Orejona’ fue en 1997. - Foto: Thilo Schmuelgen (reuters)

Madrid (ciudad) tiene 3,33 millones de habitantes. El Real Madrid recibió 62.708 solicitudes de entradas para la final de Wembley, 19.097 de ellas válidas. Dortmund tiene unos 590.000 habitantes. El Borussia ha recibido cerca de 400.000 peticiones. 

Para entender estos datos hay un factor más allá del 'hábito', es decir, de que jugar finales de Champions sea algo cotidiano para los blancos y algo esporádico para los de Renania del Norte-Westfalia. Ese factor que convierte al Dortmund en un equipo tan especial es que Die Schwarzgelben (los 'negriamarillos') no han perdido nunca de vista que el fútbol «pertenece al pueblo». 

La frase es de Carsten Cramer, director general 'borusser', uno de los encargados de conservar a un club de élite pegado a la gente. «Creo que el BVB nunca permitiría la entrada de dinero de Arabia, de Qatar… Nos centramos en proteger la regla del 50+1, reforzar la competencia nacional y, por supuesto, en mantener el fútbol como algo accesible y asequible». 

El 50+1

Esa regla del 50+1 es 'religión' en Alemania, una norma que busca beneficiar a los aficionados y su participación en los clubes: para obtener una licencia en la Bundesliga, una entidad debe tener la mayoría de sus propios derechos de voto, o sea, el 50 por ciento más uno debe estar en manos del equipo y sus socios sea cual el accionariado principal. En el Dortmund, solo un siete por ciento del capital es propio… pero el cien por cien de los sufragios en la asamblea general los poseen los hinchas.

«Nuestra competencia no es el Real Madrid, sino Netflix -reflexionaba Cramer en noviembre, cuando aún desconocía qué le iba a deparar el destino este próximo sábado-. El fútbol es espectáculo, sí, pero tiene que ver con la cultura, con rituales, con la historia, con nuestras raíces… Hay que asegurarse de que las nuevas generaciones siguen interesadas en el fútbol». 

Para ello, la política de precios del Borussia y su directriz de 'máximo cuidado' de su afición han convertido al Signal Iduna Park en la envidia de todo el mundo: el mítico Westfalenstadion es el más grande de Alemania, posee una capacidad de 81.365 espectadores… y la asistencia media en la campaña 23-24 ha sido de 81.193. 

Una familia

«El ambiente es adictivo. Te hace sentir realmente como una enorme familia de 80.000 hermanos. La gente lo transmite así a los suyos, y lo de ir a ver a tu equipo al Westfalenstadion es un tema de herencia y de honor. Pasa de generación a generación». Son palabras de Kristian Kujaw, aficionado del Dortmund desde hace más de 50 años, que apunta al «vínculo del club con la clase trabajadora» como una de las claves históricas de tanta popularidad. 

La zona del río Ruhr siempre fue muy industrializada, con mucho peso de la minería, y en el 'Ruhrpott' (la cuenca del río) «la gente estaba trabajando, jugando a fútbol… o viendo a su equipo. Y como había mucha población en la zona, también había muchos equipos con mucha rivalidad entre ellos: el Dortmund con el Schalke, el Colonia con el Dusseldorf, etcétera. Y cuanta más rivalidad, más identificación con unos colores». Desde principios del siglo XX (el club se funda en 1909) ha sido así. 

Kujaw considera que «el trabajo en la cantera» es el principal motor de la comunión entre el club y su afición. Jugadores y aficionados (y entrenador, ya que Terzic arrancó su vida de 'borusser' en la grada hasta que Klopp lo reclutó como ayudante) compartiendo sentimiento. La apuesta por talentos jóvenes -cada año crean equipos campeones en casi todas las categorías inferiores- ha propiciado que el equipo sea visto por el planeta-fútbol como un vivero, un lugar donde crecer, uno de los mejores escaparates del mundo… y una plataforma desde la que dar el salto a los 'gigantes' del fútbol. Haaland, Dembelé, Sahín, Sancho, Isak, Gundogan, Pulisic, Lewandowski, Aubameyang, Bellingham...

A pesar de todo, el club no pierde la cabeza. «Sabe de dónde viene y para quién juega: no hay inversiones insostenibles». El premio de pelear por una Bundesliga (perdió la 22/23 en el último partido) o alcanzar una final de Champions no son el fin, sino las consecuencias puntuales del trabajo bien hecho.