«El libro que presentamos es un legado que dejo al mundo»

Antonio Díaz
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El Museo Municipal de la Cuchillería de Albacete acogió la presentación de Pasado, presente y futuro, la obra de Justo Algaba

«El libro que presentamos es un legado que dejo al mundo» - Foto: Rubén Serrallé

El Museo Municipal de la Cuchillería de Albacete acogió  la presentación de Pasado, presente y futuro, la obra de Justo Algaba. El acto contó con las intervenciones de Jesús Martínez y Emilio Martínez, que se encargaron de hacer una semblanza del autor y la obra. Así mismo, tanto el concejal de Asuntos Taurinos, Alberto Reina, como la concejal de Cultura, Elena Serrallé, entre otras autoridades, participaron en la presentación. Justo Algaba comentó a La Tribuna de Albacete distintos aspectos de  esta obra.

La pasión por la tauromaquia viene desde que usted era un niño.

Sí, desde luego, vi un festejo taurino en mi pueblo natal, Villapalacios, con unos torerillos de la época, Los gitanillos de Albacete, un lunes de 1957, que llovió. Recuerdo que era una novillada de Samuel Flores. Después, cuando cambió mi vida para ser sastre de toreros fue un 13 de septiembre, aquí, en Albacete, que toreaba Manuel Benítez El Cordobés y aquel día el impacto en mi espíritu fue demasiado grande e hice un juramente, que tenía que ser como Manuel Benítez, ahí es nada, y, si no podía ser como él, tendría que ser sastre de toreros. Aquello fue en 1963, pero no me volví a acordar hasta 1966, que me fui a un lugar que me recordó ese juramento que hice y además, estaba allí Santiago Martín El Viti, un momento muy especial.

¿El destino marcó que tenía que ser sastre de toreros?

Sí, era el destino.  

¿Decidió montar su primera sastrería?

Tuve unos años de aprendizaje, como es natural, y en 1974 es cuando considero que hay que cambiar el rumbo de la vida y hacerme profesional, vestir a los toreros y estar donde había que estar, en Madrid.  

Por su sastrería pasan todas las figuras.

He hecho ropa para todas las figuras, para los modestos y los que empiezan, para todos. No sólo visto a los españoles, a los franceses, portugueses, a los de todos los países donde se dan toros. 

¿Hay un traje de luces Justo Algaba?

Yo creo que el traje Justo Algaba tiene ese sello personal que imprimes en cada vestido  y que cada torero lo conoce a distancia y como me dicen, es tu sello, lleva tu nombre. 

Pero no sólo hace usted trajes de luces.

También he hecho, por ejemplo, los de la ópera Carmen, para todos los países del mundo. Además he hecho de todo, hasta vestidos de novia, pero esto es porque yo me tiro a una piscina, aunque sea sin agua. 

¿Qué es esencial en el traje de un torero?

El traje de un torero tiene que tener tres cosas, comodidad, estética y belleza.  

¿Hay un color que no se puede usar?

No, eso es superstición.

Era necesario dejar constancia de ese arte en un libro. 

El libro que presentamos es un legado que yo dejo al mundo, de 57 años de profesión, que he ido recopilando desde 1850 en adelante, y eso había que dejarlo para la historia y si no se dejaba, era una historia perdida. 

¿Una obra sobre su visión de la tauromaquia a través del traje?

Este no es un libro al uso, no es un libro para hablar de toros, es un libro para divertirte, para entender cómo fue el pasado, como es el presente y entender dónde vamos en el futuro.  

¿Dónde vamos?, ¿como será el futuro del traje de luces?

Cuando hablo de estas cosas hablo de la oscuridad, el minuto siguiente de donde estamos, que no sabemos. Creo que sí, va en una decadencia, en picado. El vestuario taurino es muy rico en bordados y, si se descuidan, algunos se van a quedar sin vestuario. Yo estoy haciendo esta recopilación, porque considero que es muy necesaria para el futuro, no puede ser de otra manera.  

¿Para los profesionales?

En general, para todos. En el libro no se puede aprender a hacer vestidos, pero sí se pueden intuir muchas cosas y el que quiera aprender, tiene donde aprender porque yo seré el primero en enseñar.   

¿Todavía hay afición para dedicarse a ese oficio?

Yo sí. Tengo 75 años y estoy más ilusionado que cuando empecé, con 18 años.