Rafael Torres

FIRMA SINDICADA

Rafael Torres

Periodista y escritor


Desnudez artificial

21/09/2023

La inteligencia artificial es solo un corta-pega, pero también un arma de destrucción masiva que se pone en manos de cualquiera. La locura de las nuevas tecnologías, que percute particularmente en los más jóvenes, hace el resto.
Dieciocho niñas de Almendralejo han denunciado ser víctimas de uno de esos corta-pega, de una aplicación que ha suplantado sus cuerpos, pero se cree que han podido ser más de treinta. Todos tenemos, más o menos, los mismos cuerpos, las mismas o parecidas cosas en los cuerpos, y los hampones que han emprendido el negocio de pegar un cuerpo desnudo ficticio a una cara real, se valen de eso. Se trata de un delito contra la integridad de las personas basado en una vieja atracción de feria, pues la inteligencia artificial no crea nada. Si acaso, la sensación de que la inteligencia humana que la manufactura no puede caer más bajo.
Con la inteligencia artificial, el último derivado de Internet, cualquiera puede aprobar un examen, prescindir de trabajadores, matar el tiempo enredando con ella o, como en éste caso, joder la vida del prójimo, joderla para siempre, pues lo que se echa en el basural de Internet se queda ahí, intacto, para los restos. A las niñas de Almendralejo les han colocado, para exhibirlas pornográficamente, un cuerpo que no es su cuerpo, un cuerpo desnudo cualquiera, otro cuerpo, y así, despojadas de la envoltura de su personalidad, de su alma, figurarán en cualquier oscuro y sucio rincón de Internet.
La inteligencia artificial, ese corta-pega cutre y enloquecido, cosecha sus víctimas entre la gente más joven, pero también cosecha a los culpables entre ella: los zangolotinos mal hormonados que la usaron para desnudar a la chicas de Almendralejo tienen 13 años. Tampoco la IA es ajena a la invasión brutal de la pornografía en sus vidas, tan brutal que las principales búsquedas de los críos son las relativas a las violaciones múltiples y al incesto. Según las últimas averiguaciones policiales, uno de esos dos imberbes ladrones de rostros, de cuerpos, de vidas, era el hermano de una de las víctimas.
Lo que desnuda de veras la inteligencia artificial es la estupidez de éstos tiempos, y esa estupidez en cueros, devenida en maldad en tantos casos, se va apoderando de todo, hasta de los cuerpos sagrados de las niñas.