scorecardresearch
Javier López-Galiacho

Javier López-Galiacho


La cabina de la Luisa

17/08/2021

Las cabinas de teléfono tienen los días contados. A finales de año serán desmanteladas las miles que quedan por un España que ha cambiado el botijo por el iPhone.  Ahora, hasta el más pobre tiene su móvil. La cabina ya no tiene quien la use. Las he conocido de todo tipo. Desde las de fichas de cobre, previamente compradas, hasta las de echar monedas. Cabinas de calle y de bares. Somos muchos los españoles que hemos hecho cola ante una cabina, especialmente en los días y sitios de verano. Esperando que el usuario pesado acabara de hablar con el padre o la pareja. Y cuando llegaba tu turno, ir introduciendo sucesivamente aquellas monedas de 5,25,50 y luego de 100 ptas., que la compañía Telefónica se iba tragando generosamente. La mítica cabina era la cerrada de cristal, con puerta plegable con dos hojas en forma librillo y con guía de teléfonos incluida, atada con una cuerda. A una generación de españoles nos marcó aquella legendaria película de La cabina (1972), de ese genio televisivo que fue Antonio Mercero, con una inolvidable interpretación del grandioso López Vázquez. Fue tal el impacto social de la película, que durante años muchos españoles ponían el pie en la puerta plegable para no quedar encerrado como el personaje de la cinta. Este pasado domingo, frente a la Residencia sanitaria y en la calle de María de Maeztu, descubrí una de las últimas cabinas de la ciudad. Pido desde estas líneas a nuestro alcalde que sea indultada y que se habilite, como en otras ciudades, para punto informativo digital. En la biografía de mi familia hubo una cabina mítica. Estaba en plena Carretera de Jaén, esquina a la calle Málaga, frente a la panadería de la Luisa. Desde aquella cabina marcamos cientos de veces el teléfono fijo de nuestro chalé cercano (224935), para avisar a nuestros padres que salieran con el coche a buscarnos. A finales de año se irán para siempre las cabinas como símbolo social y servicio público. Encerrado en sus cristaleras va un tiempo de España, quizá más sencillo y humano.