Antonio Pérez Henares

PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


El cotidiano espectáculo de la humillación

01/12/2023

El grado de desvergüenza y anormalidad democrática a la que hemos llegado es ya tal que la escena más inaudita no solo no suscita reflexión y bochorno, sino que se alardea de ella por quienes la cometen y es jaleada y aplaudida por toda una parva de acólitos entre los que figuran no pocos profesionales de la comunicación más militantes y entregados que la bancada con carnet. La imagen ofrecida el día de la investidura por un nutrido grupo de periodistas aplaudiendo a rabiar a Sánchez es la prueba gráfica de algo que resultaba inconcebible desde que el Congreso de los Diputados recuperó su ser en el año 1977. Era algo inconcebible para todos los que allí estábamos y lo sigue siendo hoy, aunque nos lo quieran hacer tragar como algo correcto y normal. Es una absoluta degradación.
Como lo fue el discurso de la presidente Armengol, impropio en quien lejos de hablar como quien es, la máxima representante y autoridad del lugar en que reside nuestra soberanía, la de todos los españoles, aprovechó para largarse un mitin de parte y de partido.
Un desenfreno más por las pendientes, y con creciente aceleración, por las que las instituciones, están siendo precipitadas hacia el despeñadero donde no creo que tardemos ya mucho en verlas en el fondo del barranco.
Asistimos cada día al espectáculo de la humillante rendición ante los separatistas. Y aún peor, se nos vende como inicio de un imperial triunfo de quien se arrodilla de continuo ante ellos y arrastra nuestra dignidad como pueblo y Nación, alcanza cada día un grado de mayor paroxismo y cochambrosa obscenidad.
Lo último, mañana se superarán, son las conversaciones secretas, en un país extranjero, con un mediador-verificador sobre quien igualmente se pacta la ocultación de identidad para así, en la oscuridad, poder perpetrar con todavía mayor impunidad cuantas agresiones se quiera contra nuestra soberanía, nuestra democracia y nuestra Constitución.
Y es tal y tan descarnada la sumisión, que cuando Puigdemont les amenaza sin rubor alguno su contestación es «Que no, por favor, que no, que cumplirán todo lo pactado». Que pactar en realidad pacto no ha habido pues lo único que se ha hecho es entregarles todo, absolutamente todo cuanto exigían. A nada han renunciado ellos.
Y a nada renunciarán.
Porque esto no acaba con la amnistía, con esa declaración pública de petición de perdón a los delincuentes y darles cuantos privilegios e impunidad futura han querido. Para nada. Bien claro lo dicen desde Otegui a Junqueras y de Ortuzar a Puigdemont. Esto solo el inicio. Lo mollar comienza a partir de ahí. Y ello, en esto, no mienten. Aquí los mentirosos contumaces, los que han hecho de la ocultación y el engaño su escudo de armas, son el Gobierno de nuestra Nación.