Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Punto y seguido

26/05/2023

Aunque se acabó el tostonazo de la campaña, no bajen la guardia porque la matraca seguirá de forma permanente hasta las generales de diciembre. Lo saben bien los toreros: las peores cornadas llegan cuando uno se despista. Le pierdes la cara al morlaco y te mete un gañafón que te empitona sin piedad. Contando con que cada vez hay menos ingenuos y es más complicado engañar a la gente, lo importante, a partir del lunes, es no quedar desprevenidos. Si te relajas, con un poco de vaselina, te la pueden colar y sin dolor. Que a nadie le quepa duda de que lo que viene ahora será demasiado largo y duro. Un camino sinuoso de medio año que se va a hacer eterno, después de la foto fija que va a salir el domingo y que pondrá de los nervios a más de uno. Los que resulten vencedores intentarán aprovechar el rebufo de su victoria y los que pierdan explicarán con dificultad que el resultado no se puede extrapolar al conjunto de España. Habrá resultados tan ajustados que permitirán colocarse de perfil, dejando que sean los sesudos analistas los que se decanten por un extremo y por el contrario.
Asegurar que ha sido la campaña más marrullera de la historia es no tener excesiva memoria. En todos los procesos hay escaramuzas de última hora y en Castilla-La Mancha lo sabemos bien. La diferencia entre estos comicios y elecciones anteriores viene en que la mayor parte del picante lo han echado desde fuera. Si Bildu ha irrumpido en la escena ha sido por una decisión estudiada y premeditada de los de Otegi. Cuando incluyes a 44 terroristas en tus listas -siete con delitos de sangre- sabes que va a tener un sonoro impacto, más aún en la legislatura en la que los herederos políticos de ETA ha sido socios prioritarios del Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. Luego está lo de la compra de votos, que es tan viejo como la propia democracia. Unas veces se hace con dinero, otra con promesas de paguitas y, las más, con el compromiso de agilizar determinadas subvenciones o proporcionar un puesto de trabajo en la administración. En este mayo, las maniobras han sido tan burdas que la práctica electoral corrupta más antigua ha quedado al descubierto.
De aquí al domingo van a ir cayendo denuncias de posibles compras de votos para tratar de contrarrestar lo de Melilla y Mojácar. Son dos escándalos tan evidentes que, si no hay detenciones significativas en otros lugares ni candidatos relevantes implicados, el lunes quedarán en nada. Lo de la ciudad autónoma y las prácticas corruptas en la localidad de Almería bendecida por Bolaños amenazan con repetir los comicios. Es la prueba de la suciedad llevada al extremo, de la avaricia sin límites con tal de seguir en el poder.  Es cierto que pilla un poco lejos de la región y que Bildu no se presenta en Castilla-La Mancha, pero la estrategia de Madrid y los condimentos que se han ido sumando no han ayudado a las perspectivas electorales del PSOE.
Al margen de estos dos aspectos, el resto de movimientos sucios han sido tan previsibles como de reducido impacto y, en la calle, como en procesos anteriores, la realidad suele ser bastante ajena al brío de mítines y debates. La normalidad del día a día es el mejor antídoto contra los fuegos artificiales que hemos vivido -y sufrido- estos días atrás. Si trasladáramos los mensajes que hemos escuchado este mes a la cotidianeidad, estaríamos a palos, lo que da buena cuenta de la distancia, cada vez más grande, entre los que mandan y quieren mandar y el conjunto de soldados rasos.