Eloy M. Cebrián

Eloy M. Cebrián


'Memento mori'

05/04/2024

Me chivan mis antiguos compañeros del instituto Bachiller Sabuco que en el andén del primer piso se ha instalado una vitrina en la que se expone un esqueleto humano real, la osamenta de alguien que en su día arrastró sus fatigas por el mundo. La irrupción del fiambre parece haber dividido a la comunidad educativa. Algunos profesores consideran que el hecho de exhibir dichos restos mortales ante la insolente muchachada roza el mal gusto, amén de suponer una falta de respeto para ese difunto, al que Dios tenga en su Gloria. Si hubiera permanecido en el laboratorio la cosa cambiaría, pero ¿qué propósito didáctico pueden perseguir esos huesos fatigados en un lugar tan público, donde lo único que va a cosechar serán burlas y cachondeo, y probablemente un protagonismo indeseado cuando las profesoras de inglés organicen las actividades de Halloween? Dudo que se trate de una iniciativa del Departamento de Religión, un memento mori encaminado a recordarles a los alumnos que al final del camino nos aguarda la fría tumba, o en su defecto la vitrina del andén del primer piso. Sé de buena tinta que cierto profe tiene intención de ponerse en contacto con el obispado para solicitar que estos restos reciban cristiana sepultura, como ocurrió con aquel subsahariano disecado que se exponía en el museo de Bañolas. Otros hacen cábalas sobre su origen, y se preguntan si no se tratará del cadáver de un profesor visitante del programa Erasmus, de esos que en los últimos años rondan incesantemente por los institutos con cara de despiste, un alemán o noruego que se perdió entre actividad y actividad y fue incapaz de encontrar el modo de regresar a su casa. Por mi parte, me siento algo ofendido, ya que me ofrecí a donar mi propia momia como ornamento de esa santa casa donde ha transcurrido la mayor parte de mi vida, y ahora veo mi papel usurpado por ese fiambre anónimo de dudosa procedencia.