Miguel Romero

CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Concordia

27/05/2024

Siempre pasa lo mismo. Cuando sale a relucir un término lingüístico de carácter genérico, la significación que se le da según intereses, varía bastante con respecto a su definición legal establecida. Yo tengo entendido, en base a la referencia de la RAE, que concordia es conformidad, unión, acuerdo, consenso, avenencia, paz, reciprocidad, compañerismo, amistad, hermandad, fraternidad, y así unos cuantos más sinónimos de buen entendimiento.
Sin embargo, al hilo y frente a los 'dimes y diretes' de la política española, las leyes y acuerdos de Memoria Histórica o Memoria Democrática, término del que hablaba la semana pasada establecido sobre todo por los partidos de izquierda, han aparecido como contrapartida esas llamadas Leyes de Concordia en algunos gobiernos regionales gobernados por conservadores o partidos de la derecha.
Por tanto, el término concordia aludido al principio de mi comentario no parece tener el mismo significado, aunque eso sí, buscan reciprocidad en todo caso, tal vez avenencia en función de intereses –en este caso más ideológicos que sociales-, pero amistad, hermandad y fraternidad parecen destacar más por ausencia que por presencia.
Sin duda y viendo todo lo que genera, volvemos a darnos cuenta que la España actual sigue siendo heredera de la España de siempre. Dos sociedades, dos pensamientos, dos miradas al pasado y al presente, dos encuentros y desencuentros, dos puntos de mira, dos maneras de educar, dos ejemplos de dialéctica controvertida: Memoria democrática y Leyes de Concordia. De una y otra manera, nuestros recordados abuelos y bisabuelos, los que tanto sufrieron para vivir en paz, sentir la ilusión de vida, soñar con un bienestar en familia, siguen siendo molestados en su recuerdo, sin merecerlo, sobre todo, por su templanza, ejemplo y respeto hacia lo que les tocó vivir, haciéndolo con dignidad y honestidad, algo que parece ser no se da, ni mucho ni poco, en esta sociedad de vida que nosotros 'disfrutamos'.
Me gustaría, como a tantos y tantos otros, que nuestro país –ejemplo en el mundo para muchas cosas- pudiera sentirse orgulloso de compartir ilusión, desarrollo, cultura y ejercicio democrático, en el que todos, sin excepción, pudiéramos sentir ese consenso, esa hermandad o fraternidad, y decir el eslogan quijotesco de «Sancho, vayamos juntos por el mismo camino y alcancemos así, el reto de la razón frente a la ignorancia».