Antonio García

Antonio García


Un artista de la fuga

01/04/2024

Después de dos décadas en paradero desconocido, por fin encontraron en Navarra a un hombre que había desaparecido voluntariamente. Muy discreto debió de ser el individuo en cuestión cuando sus familiares no denunciaron su ausencia hasta seis años después. Los amantes de la casquería se habrán llevado un disgusto: el tipo no apareció en trocitos, víctima de un brutal asesinato, sino que había corrido un velo voluntario en torno a su existencia, posiblemente anodina y dramática (padecía de depresión) hasta que emprendió la fuga y decidió llevar una vida itinerante con una familia de feriantes. Detrás de esta peregrina historia de un deliberado peregrinaje hay toda una novela que solo podría narrar Baroja, la tragedia vulgar o grotesca de un artista de la fuga. He aquí un héroe contemporáneo que no dejó huellas de su errancia, que huyó del yugo familiar y otras ataduras para disfrutar una vida de fantasma. De haber tenido móvil, al tipo lo habrían encontrado en diez minutos, y solo el registro de sus extracciones bancarias (ni siquiera con tarjeta sino presencialmente) enfiló las investigaciones, pues también había renunciado a renovar su DNI. El resto de los mortales tenemos muy complicado desaparecer físicamente: vamos dejando diligentes señales de cada uno de nuestros pasos en la tierra y hasta las visitas a Mercadona quedan registradas oportunamente por ese ojo chivato de la tecnología. Incluso después de muertos seguimos localizables, bajo el sudario de las redes sociales. La historia termina bien o mal, según la interpretación que cada uno quiera darle: el hombre volvió al redil familiar, pero durante más de veinte años alcanzó la dicha de estar ilocalizable, quién sabe dónde.