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Eloy M. Cebrián

Eloy M. Cebrián


Decencia

26/11/2021

Las imágenes de ese hombre que se ha suicidado en Zaragoza, aireadas en todos los telediarios, hacen que nos preguntemos si no debería haber límites para la información. Un hombre desnudo, armado con un cuchillo, siembra el pánico en plena calle. Varios policías lo persiguen y logran cercarlo en una fuente pública. El hombre se clava el cuchillo y se derrumba mientras el agua de la fuente se tiñe de rojo. La escena resulta tan espantosa que apenas nos parecería tolerable en una película o un telefilm. Y no por la sangre ni la violencia, porque la sobreexposición al espanto ya nos tiene medio insensibilizados, sino por la triste realidad que dicha secuencia encerraría. Ahora recordemos que se trata de imágenes de la vida real, captadas en plena calle con un teléfono móvil, y la crudeza del incidente se multiplica de forma instantánea. De inmediato pensamos en la enfermedad mental, que a todos nos afecta en mayor o menor medida, bien de forma directa o a través de familiares y amigos. También pensamos en el estigma que siguen padeciendo quienes sufren desórdenes psíquicos. Ya sea por desconocimiento o por intolerancia, la mayoría no contemplamos las enfermedades de la mente del mismo modo que las del cuerpo. Un enfermo de cáncer nos provoca compasión (o «solidaridad», como ahora se dice), mientras que alguien que sufre esquizofrenia nos da miedo y dictaminamos que debería estar encerrado. Por último, nos parece normal que alguien tan enfermo como ese hombre de Zaragoza, alguien que ha muerto en esa situación tan atroz como ajena a su voluntad, no merezca el respeto de los medios de comunicación. ¿No podrían haber informado de su muerte sin airear esas imágenes, pixeladas o no? Pienso en los allegados de esa persona, en el calvario mediático que estarán padeciendo tras años de sufrimiento por la enfermedad de su hijo, de su hermano… ¿Qué ha sido de la piedad, de la empatía y hasta de la misma decencia?