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Ramón Bello Serrano

Ramón Bello Serrano


'Carreteras secundarias'

18/09/2021

Carreteras secundarias es uno de los discos de Diego García, El Twanguero -de El Twanguero dijo Gabriel García Márquez que era «un maestro de la guitarra»- que nos ha acompañado con tanto brillo en esta feria un tanto triste y desasistida. A cierta edad uno va buscando la carretera secundaria -la recorrimos de jóvenes antes de las autovías- y quizá el motivo de mayor peso sea el de no pedir tanto a las cosas -uno se pasa la vida pidiendo con la mano extendida, como si el vivir necesitase del socorro perpetuo de los otros- y hacer como un descanso, en este caso musical - Giorgio Bassani, prologando El Gatopardo, nos habló de esta manera del vivir común; Giorgio Bassani, del que Indro Montanelli perfiló un retrato extraordinario, habló de notas, acordes y pautas, de momentos de intensidad y recogimiento, un poco como la actuación de El Twanguero en nuestro Parque Lineal o en el Parque de los Cuentos-. Hay dos lenguajes universales -la matemática y la música- que proveen a hombres distantes y distintos, de tal suerte que pueden ser de una u otra religión, de costumbres antagónicas y rivales, pero pueden leer la misma música e idéntica matemática, y algo más grande: la facultad de crear música o plantear un teorema. El Twanguero (del que la revista Rolling Stone dijo «ser un viaje al corazón de la música»- me parece que fue antes de ganar el Grammy) dejó momentos muy bellos (toda la guitarra española) y más bello me pareció que hablase de aquellas carreteras secundarias, viajes de mayor recogimiento -y no por ello de menor intensidad-. Cierta destrucción es necesaria -así lo dijo Rimbaud para definir el trauma de la creación- y lo nuevo destierra lo viejo, hasta que pasado un tiempo, tras la comodidad de las autovías, se ansía el regreso a los pequeños detalles -donde sólo hay verdad- a la escucha del pájaro en la jungla de Costa Rica o en el escribir música para devolverle al palosanto y la caoba la gratitud de las maderas que hicieron posible la guitarra clásica. En el Parque de los Cuentos, una joven pareja dejaba mecerse por el ragtime del músico; se les veía felices en su viaje de amplias carreteras -ya les llegará el tiempo de la secundaria, toda una aventura interna, cuanto menos transitada más noble el abeto o el pino de una gran guitarra.