scorecardresearch
Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


No fue la paz, fue un alto el fuego

02/11/2021

En la Convención Nacional celebrada en Valencia hace un mes, tanto las presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, como el sector oficialista del PP dejaron atrás las semanas en las que se había producido un enfrentamiento abierto entre ambas partes por la fecha de celebración del congreso de la organización en Madrid para que, finalmente, sea la actual presidenta quien dirija el partido en su región, como el resto de los barones con mando en plaza autonómico.  

Pero no se trató de una firma de la paz sino de un alto el fuego que apenas ha durado tres semanas, porque en la guerra de trincheras que protagonizan han vuelto a estallar las hostilidades. El PP de Madrid, dirigido desde 2017 por una gestora encabezada por Pio García Escudero reunió, a finales de la semana pasada a sus órganos de dirección y se reprodujo el estancamiento de posiciones. Mientras que los partidarios de Ayuso, con Esperanza Aguirre a la cabeza, solicitaban la celebración del congreso madrileño cuanto antes, los más afines al secretario general, Teodoro García Egea se ponían de parte de Génova, que pretende realizar el Congreso en el mes de junio, tres meses más tarde que la propuesta de Ayuso, que volvió a salir de la reunión con el apoyo mayoritario del partido para hacerse con su control.  Pero en el PP de Madrid nadan y guardan la ropa y mientras que por un lado urgen a que el congreso madrileño se celebre lo antes posible dejan su convocatoria en manos de Génova que quiere imponer su criterio para no desairar a su 'número dos'.    

La actitud del PP es más incomprensible por cuanto Ayuso no solo no cuenta con ninguna oposición interna, sino que el único que puede hacerle sombra es el alcalde de Madrid, y portavoz nacional del PP, José Luis Martínez Almeida, que se ha cansado de decir que no pretende competir con la presidenta madrileña de la que es amigo. Pero Pablo Casado no deja de proponerle y ponerle en el brete. A falta de explicaciones convincentes, el ninguneo de Génova solo puede proceder de alguna especie de temor del líder de los populares ante la estrella ascendente de Díaz Ayuso tras su victoria incontestable en Madrid el 4-M, a pesar de que todo el partido le concede la tercera oportunidad para llegar a La Moncloa en las próximas elecciones generales, o que son los más afines -la sombra de Miguel Ángel Rodríguez es alargada- y los partidarios de un mayor acercamiento a Vox quienes impulsan la escaramuzas.    

Son tres meses de diferencia en las propuestas que al menos al Gobierno le está dando mucho juego porque mientras el PP se enreda en sus problemas internos le concede un pequeño respiro al disminuir la actividad crítica de Ayuso contra el Ejecutivo, y ese debate se ha trasladado a los sondeos en algún momento.  Los partidos políticos no escarmientan en cabeza ajena a pesar de que saben de sobra que la ciudadanía sanciona las divisiones internas que desvelan una lucha de egos y de proyectos. Y de ambiciones políticas que hay que saber embridar para desatar la guerra cuando se va a ganar y no gastar pólvora en salvas. Que Ayuso es la líder indiscutible de la derecha madrileña es incuestionable y cuanto más tarde en controlar su PP, más fuerza pierde el conjunto del partido.