Antonio García


Bukowski y Delibes

14/09/2020

En agosto se cumplieron cien años de Bukowski, el eterno viejo indecente, del que solo se apercibieron sus seguidores: los fuegos de artificio se reservan para Miguel Delibes, otro viejo (este muy decente) que también cumple este año. Con ser escritores tan antípodas hay una cualidad que los une y es que son lecturas de adolescencia, o por lo menos lo fueron, si bien la de Delibes obligada en aquellas programaciones escolares que nos hacían leer Cinco horas con Mario o El camino cuando apenas si apuntábamos bozo. A Bukowski llegamos por nuestro propio pie, sin recomendaciones ni obligación mediante. Involuntariamente los dos hicieron mucho daño a la literatura; el primero porque  generó una legión de imitadores, realistas sucios o poetas cuya idea de la poesía consistía en poner una línea debajo de otra encadenando borracheras; el segundo por alargar la grave tradición realista española, híbrida de naturalismo y tremendismo, ayuna de fantasía o humor. De Delibes hay poca huella en la literatura actual, a no ser que se acepte como influjo la vuelta al ruralismo, o la denuncia de la España abandonada, más ideológica que literaria, mas thoureana que delibeana; ahora se le vende como precursor del ecologismo, obviando que además de reprobador del progreso deshumanizado era también cazador. Bukowski lo tiene más difícil para servir de modelo y ciertos extremismos feministas ya lo han llamado de todo. El buen lector haría bien en acercarse a ellos sin prejuicios actuales y sobre todo tomando precauciones, no vaya a ser que bajo su padrinazgo le de por destrozarse el hígado o liarse a tiros con las perdices.