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Antonio García

Antonio García


Rolling

30/05/2022

Unos Rolling Stones demediados llegaron a Madrid con seis días de antelación para iniciar su gira europea. Los viejos siempre han sido muy madrugadores. Desde 1982 se viene diciendo que va a ser la última oportunidad de verlos en vivo, conjeturas que siempre han fallado y que en esta ocasión cobran mayores visos de verosimilitud por la provecta edad de sus miembros. Ron Wood trastabilló al desembarcar, en Barajas. Les falta Bill Wyman, que abandonó por desavenencias con la banda, y Charlie Watts, que lo hizo por desavenencias con la vida (quiero decir que se murió). Viven de las rentas y cada cierto tiempo refrescan su pasado apabullante. Otro coetáneo, Bob Dylan, también sigue de gira, menos aparatosas que las stonianas, y ya ha puesto su mausoleo en Tulsa donde se acumulan pruebas de su paso por el planeta. Sesenta años de carrera son pocos en términos de eternidad, pero suficientes para agradecerles los servicios prestados. Son los últimos cartuchos –y no olvidamos a McCartney, también activo- de una generación que se ha quedado sin público. Han sobrevivido a sus propios fans, o bien difuntos o incapacitados para desplazarse a los conciertos por achaques de movilidad. En Cannes se ha homenajeado a Elvis, a Bowie, a Jerry Lee Lewis, otros mojones en la historia del rock. En paralelo a la historia grande que, según recortes de reforma, borra el Medievo, Renacimiento y Barroco, también la historia musical, mucho más concentrada, va eliminando huellas de sus décadas doradas, desconocidas por una juventud para la que el arranque de la música se ubica en Rosalía, Chanel, y si es manchega, en Rozalén. El Metropolitano, reconvertido en museo, exhibe durante un día restos de época antediluviana.