Antonio García

Antonio García


Pellas

15/01/2024

Como no tengo estufa, desconocía hasta ahora el significado de pellet, la palabra de moda esta última semana, ya que se trata de esos trocitos de madera que usan de combustible y se consumen por sacos. Pero también admite otras traducciones como bolitas, balines o gránulos, que todos los propietarios de caldera hubiéramos entendido a la primera y que además tienen un noble equivalente en español, pella, para significar lo mismo, salvo que el esnobismo ha optado, como siempre, por la versión inglesa. Es una pena que solo podamos ampliar nuestro vocabulario a costa de las desgracias, como ocurrió con la pandemia. No obstante, ya antes de que se produjeran los desastrosos vertidos éramos nosotros productores y manipuladores de pellas, pues no otra cosa son algunas de nuestras excrecencias como las pelotillas que extraemos del ombligo o de las fosas nasales (durante la espera en los semáforos), a las que habremos de añadir esas armas de destrucción masiva que son los perdigones elaborados con papel o miga de pan y eyectados a través de la cerbatana del bic. La diferencia está en que si nuestras pellas son inocuas, las que han llegado masivamente a las costas gallegas poseen un elevado componente de toxicidad. Con tal de no asumir sus responsabilidades los políticos se han estado arrojando la pelota (en este caso las pelotillas) unos a otros, demostrando así ser tan tóxicos como los minúsculos invasores. A todos aquellos que niegan la evidencia del desastre ecológico, o lo minimizan, les vendría muy bien hacer pellas, es decir, dimitir temporalmente de sus ocupaciones, como hacen los niños díscolos que no quieren, o no saben, estudiar.