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Javier López-Galiacho

Javier López-Galiacho


Serrat, adiós poeta

04/10/2022

A la misma hora que nuestro alcalde abría la Puerta de Hierros inaugurando la Feria 2022, este columnista despedía en directo a Juan Manuel Serrat en un concierto inolvidable en la Maestranza sevillana. Ese templo del toreo donde el Noi de Poble-Sec nos confesó que en esa misma noche estrellada y con olor a albero, debutaba y a la vez se cortaba la coleta. Serrat nunca ocultó su gusto por el toreo. Este año anda el querido cantautor por España y por el mundo hispano despidiéndose porque ha decidido echarse a un lado y colgar la guitarra. Y no es una despedida más, porque Serrat es un icono social de España que nos ha acompañado toda una vida. Serrat es la cinta de casete de nuestro primer coche mientras que sonaba su Penélope. Juan Manuel son las tardes de estudio lloviendo detrás de los cristales y de fondo su Balada de Otoño. Serrat es el eco de un patio de vecindad de la infancia mientras que la señora del cuarto tendía la ropa cantando su Lucía. Serrat es ternura hecha canción con su Romance de Curro el Palmo, ese palmero bajito que, entre cantares y soleares, se dejó la vida detrás de Merceditas, la del guardarropa. Serrat es una lágrima que corre por la mejilla en la Madrugá de Sevilla, mientras una banda de cornetas se arranca con su Saeta, a la salida del Cristo de los Gitanos, y el pueblo pide una escalera para quitarle los clavos al Jesús el Nazareno. Serrat se va de los escenarios dejándonos no canciones, sino pura poesía musicada. Y cuando haya muerto, el pueblo seguirá cantándolas sin saber que eran suyas, pues ya decía el poeta Manuel Machado que «Hasta que el pueblo las canta, /las coplas, coplas no son/y cuando las canta el pueblo/ya nadie sabe el autor». A mí me hubiera gustado que Serrat se hubiera despedido de Albacete. Se lo merecía. Le vimos, en su día, en la Caseta de los Jardinillos. Incluso en la reapertura del Teatro Circo, noche en la que llegó a parar la actuación embelesado por su belleza. Y también fuimos testigos de aquella vergüenza vivida en la plaza de toros, donde unos energúmenos le silbaron al cantar en catalán la bellísima Pare. Se marcha Serrat. Con él se va una época. Nos dice adiós un poeta.