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Fernando Fuentes

Fernando Fuentes


Sota, caballo y fascio

27/09/2022

No falla. Cuando todo va mal, las tórridas y sombras negras se ciernen sobre las coloridas y frescas democracias. Sota, caballo y fascismo. Italia sucumbe, en pleno siglo XXI, ante las mieles agrias de la ultraderechona. No es casualidad, todo sucede mientras Europa se tambalea y la inmigración castiga el sur de la bota. Causa y efecto. También hay transalpinos que creen que, si el fascio vuelve a mandonear en su país, la escuadra azzurra volverá a jugar un mundial. Así está la piazza. Meloni, Salvini y Berlusconi sustancian el trío calavera versión contemporánea. Son lo que quiso ser Abascal y a lo que no llegó. Y ahora sin la díscola Molona menos aún. No obstante, Vox se relame ante la victoria de sus colegas en la patria del Duce. Y sacan pecho palomo ante lo que ellos consideran la antesala del regreso a lo grande del fascismo a una Europa doliente que ya no sabe ni por donde le vienen los palos. Pero Santi sabe que su proyecto se desinfla; que el PP ha sabido recuperar buena parte de ese voto en estampida y que, la otrora «derechita cobarde» ahora con Feijóo es algo más audaz, para alegría de todos aquellos que echaban de menos algo más de testosterona, firmeza y orden en el PP. Esta mañana, Mattarella al despertar ha sentido un extraño dolor en ambos tobillos. La izquierda tardará en volver a gerifaltear en ese país al que nos parecemos tanto y tan poco. Ese hormigueo a la altura del astrágalo también lo ha sentido Sánchez, pero menos agudo. Sabe el presidente que, hoy en día, no hay que temer un meloninazo en España. En cualquier caso, si los de Abascal acarician el poder será siempre con permiso -léase, necesidad- de los de la calle Génova. Y para suerte de todos. Si cogemos como ejemplo, lo de García-Gallardo en Castilla y León, la palabra pánico se queda corta ante lo que podría suponer un gobierno de Vox en solitario, aunque solo sea en la comunidad de vecinos de un iglú. Si no que se lo digan a Mañueco. Ya tiene bastante con lo suyo como para opinar sobre lo de Meloni en tierras vecinas. Ahora solo queda saber si Putin se atreverá a decir públicamente lo que realmente piensa de esta victoria, que también es suya. ¿Cómo era aquello de los perros y los collares?