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Fernando Fuentes

Fernando Fuentes


El sostén de Ayuso

19/10/2021

Para Ayuso la educación pública es un regalo que no nos podemos permitir. Gensanta. Pero, para ella, sí son sostenibles disparates carísimos como el chiringuito del castellano, de su amiguete Toni Cantó, o esas vacaciones pagadas, que se acaba de pegar en Nueva York, junto a su sensei M.A.R., para poco más que lucir modelitos de Zara por la Quinta Avenida y hacer canutazos… pero solo con presencia de medios españoles. Por no hablar de los más de 40.000 euros para la pirámide azteca de Nacho MeCano. Y todo ello, tras hablar con una ligereza intolerable sobre el grave problema del aborto en España al que llegó a calificar de fiesta. Lady Madrid se olvida voluntariamente de que la docencia pública la pagamos, con nuestros impuestos, entre todos los ciudadanos. Y que es un derecho, de los más sagrados, recogidos por la Constitución. Y miente, cuando dice que no es sostenible el sistema educativo público, insinuando que el derecho universal a la educación es algo a superar, siempre en beneficio de lo privado. Además, Ayuso va más allá y lo compara con el transporte público, el servicio de recogida de basuras o la gestión de las residencias. «No puede ser todo gratuito», concluye y apuntilla. Presidenta, que se le ve el plumero. Y no puede ser más feo, apestando a liberalismo feroz. Las ansias de privatización de los servicios públicos es una obsesión permanente e histórica para la derecha. Y Ayuso, por supuesto, no es una excepción. Y se emponzoña en ello, tras negarse a subir impuestos. Y así las cuentas no salen. Es de primero de Económicas. O mejor, de cuarto de Primaria. Lo público, lo que no infla de pasta directamente a las empresas del IBEX, lo que no da la opción de offshorear no les interesa, ni apetece. Y ya no se esconden. Lo dicen sin tapujos. Llegados a este punto, nos vamos a permitir recordarle que tanto la educación, como su sueldazo como gerifalta madrileña o lo que les cuesta a las arcas públicas el tinglado de Cantó, salen del sufrido bolsillo del contribuyente. Y que, seguramente, lo menos asumible es lo que se embolsan tanto él, como su colega, el de las mil chaquetas. Sobre todo, cuando se retratan así. Poco sostén para tanta jeta.