Juan José Morcillo


Telebazofia

09/09/2020

Hay palabras que semánticamente se quedan cortas porque el tiempo y el uso las encogen y desgastan. Este desgaste es más habitual en los términos cacofónicos. Piénsese, por ejemplo, que llamar hoy a alguien «idiota» no hiere nada en comparación con el dolor que provocaba su impacto hace unas décadas. Ser un idiota hoy, en cambio, es tendencia porque te ayuda a diferenciarte del friqui que ocupa sus horas leyendo y estudiando para alimentar y fortalecer su pensamiento crítico. La idiotez es la bandera de los Estados modernos ante la que los ciudadanos se arrodillan para adorarla, es el hedor que babean tantos programas, vídeos y canales de opinión de mindunguis con ínfulas de intelectual o de salvapatrias. La miasma de la idiotez es adictiva y contagiosa, y el medio de transmisión de esta pandemia es la luz azul que exhalan las pantallas de móviles, tabletas y otros dispositivos de la misma estirpe. El Gobierno -cualquier Gobierno- fomenta la idiotez con la misma serenidad con la que firma un decreto, e invierte mucho dinero de los presupuestos estatales para sembrarla, alimentarla y extenderla en las incultivadas y fungosas mentes de los adocenados ciudadanos.
El término «telebasura», como el de «idiota», se ha quedado corto. No hace muchos años, la telebasura era ese comistrajo de concursos sin fuste ni basa, de cotilleos sobre famosos, de anónimos que contaban sus miserias privadas a todo el país o de medias naranjas capaces de cualquier imbecilidad para encontrar o reconquistar a la otra media.
Para definir la actual porquería televisiva, «telebasura» acaricia el eufemismo: lo de hoy es telebazofia. Lean estas perlas que se emiten por la pequeña o mediana pantalla: «Mi vida con 300 kilos», «Amor asesino», «Crónicas carnívoras», «Sucedió en Urgencias», «Mujeres asesinas», «Mi pene de 30 kilos», «Mujeres y hombres y viceversa», «Sálvame Limón» (más la Naranja y la Banana), «Mi familia pesa una tonelada»… Esta es la bazofia que parasita las neuronas de los ciudadanos mientras comen, meriendan, cenan o babosean sin pestañear en un estado vegetativo de no retorno.