José Juan Morcillo

José Juan Morcillo


Antonio Martínez Sarrión

22/09/2021

A Antonio lo conocí en una inmobiliaria de Albacete. Quería vender una casa suya de la calle Doctor Bonilla y mi familia, que vivía a escasos metros de su vivienda, se la compró. Cuando supe que era Antonio el vendedor, quise asistir a la reunión que se concertó entre él y mi padre en la que se determinarían los acuerdos de la compraventa. Al entrar, lo vi sentado frente al oficinista, de espaldas a mí, callado y con cara de cansancio. Presentación formal entre ellos y luego yo le estreché mi mano y le dije que era estudiante de Hispánicas y que era un placer conocerle y que me encantaba su poesía. «Pues muy bien», me respondió con la samuguez albaceteña que nos caracteriza. Se sentó y ahí quedó todo porque yo era entonces demasiado vergonzoso para iniciar un diálogo prudente con uno de los grandes escritores españoles del s. XX. Años más tarde coincidimos de nuevo y con mejor fortuna: vino acompañado por Martín Gaite para debatir, en el Salón de Actos de la Diputación de Albacete, sobre literatura, donde se habló de su libro de memorias «Infancia y corrupciones», una obra maestra que se sitúa a la misma altura literaria —si no la supera— que «La arboleda perdida» de Alberti; al verme me saludó cariñosamente porque ya conocía la ponencia que presenté en 1996 en el IV Simposio Internacional sobre Narrativa Hispánica Contemporánea, celebrado en El Puerto de Santa María, y publicada años más tarde por «Al-Basit», ponencia en la que acuñé el término «intraomnisciente» para calificar a un autor en el que la realidad del pasado juega sin complejos con las arbitrariedades de la memoria, tamizadas siempre por la neblina del paso del tiempo, por la libertad creadora que permite alejarnos de los datos autobiográficos y por la huella emocional que han marcado en la madurez los recuerdos de la infancia.
La amistad que mantenía con Antonio se oscureció hace una semana. El Ayuntamiento de Albacete no decretó luto oficial por un ciudadano tan ilustre y la Diputación, al día siguiente, solo publicó en su página web la licitación de comidas a domicilio. «El triunfo como escritor es una cuestión de amigos», escribió Umbral. De amigos cultos e incontestables.