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Juan L. Hernández Piqueras

Juan L. Hernández Piqueras


Ucrania, 100 días de guerra

02/06/2022

Se cumplen esta semana cien días de guerra en Ucrania. Cien días de muerte y desolación en los que las víctimas se cuentan por miles mientras asistimos impotentes al drama humano de la mayor y más grave crisis de refugiados vivida desde la II Guerra Mundial. Y lo peor no son esos días ya pasados, lo peor está por venir por cuanto es un futuro en el que no se vislumbra acercamiento alguno hacia los caminos para alcanzar la paz. Muy al contrario Putin sigue sumando méritos para conseguir el dudoso honor de convertirse en el primer gran tirano del siglo XXI sin que nadie pueda, por ahora, ser capaz de manejar otro tipo de soluciones por vías de diálogo y acuerdos que puedan sustituir al dramático lenguaje de las armas.
Tras el centenar de días de guerra no aparece en el horizonte silueta alguna que se perfile como esperanzadora alternativa para detener las bombas y hacer explosionar la percepción de que es posible la paz que pueda evitar que se instale en el mundo la sensación de que la guerra se está convirtiendo en un mal crónico ante el que no hay respuestas ni capacidad para detenerla. Llegados a este punto, la desesperanza se convierte en otro ataque directo a la humanidad incapaz de sumar resultados al ejercicio de apoyo y solidaridad del que se ha hecho gala desde que sonó el primer disparo y se puso el primer pie sobre el suelo de la invadida tierra ucraniana. Tras 100 días de guerra, cada día que se sume es una dificultad que se añade al difícil objetivo de reencontrarnos con la paz. En la guerra se busca la victoria, y ese objetivo es antagonista de la paz, como escribía Fernán Gómez en Las bicicletas son para el verano.